
El metro de la vida
Las 7:35 espero de pie, como cada mañana, la llegada del metro de la linia 6.
Miro el relog de nuevo, sabiendo de antemano que marcará a lo sumo un minuto mas de cuando lo hice por última vez. En los televisores de la estación hablan acerca de temas sin importáncia. Como la moda o el fútbol.
Mis ojos los esquivan, no porque quieran evitar leer esas banales noticias, sino porque van en busca de su mas prohibida pasión. Una pasión que los seduce y que me seduce a mi mismo de tal modo que no lews impido que se fijen en ella. Jamás la debería contemplar con tanto deseo y anhelo. Es una tentación en la que debo evitar caer ( o tal vez a la que debo evitar lanzarme) todos los dias.Pero cada mañana me resulta mas difícil resistirme. La observo con ojos lujuriosos, e intento imaginar como sería estar entre sus brazon mientras espero, ya sin que me importe (o quizás incluso con impaciencia), la llegada del fin.
El ruido aumenta a mi alrededor. Un estruendo, que proviene de uno de los oscuros túneles, se eleva barriendo a su paso cualquier otro sonido hasta que se hace omnipresente. Mi rábia crece con el ruido de las vías del metro que se acerca, porque veo llegar el momento en el que he de subir y empiezo a creer que hoy tampoco me atreveré a complacer mi deseo yendo hacia ella.
Ya casi está aqui. Aún estoy a tiempo de hacerlo. Aún puedo dejarme conquistar por ella cayendo en su abrazo eterno. No se si tendré el valor de hacerlo algún dia; no se si podré acabar con todo ahora mismo tirándome a la vía.
Att: Carmen!
ole! lo has conseguido!
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